8 ene. 2010

El perro de mi casa es el mejor del mundo

Publicado por Vivian Gil-Ro en 17:42 2 comentarios Enlaces a esta entrada

El 28 de noviembre de 1998, para el cumpleaños número 12 de mi hermana, mi tía trajo a la casa un hermoso Labrador dorado nacido el 15 de octubre de ese mismo año. Después de mucho pensar el nombre, decidimos llamarlo Orión, nombre que tiempo después mi hermana completó, bautizando al perro: Orión Ricardo Gil Rodríguez. Así, nuestro “nuevo hermanito” llegó a vivir con nosotros y a destrozar la casa. Como buen cachorro que se respete, se dedicó a comer cuanto zapato encontraba, destrozó el comedor de la casa (el cual tuvimos que botar), volvía pedacitos el periódico, cuando lo dejábamos solo repartía el papel higiénico del baño del segundo piso por toda la casa, en las noches yo lo acostaba en mi almohada y me lloraba para que lo llevara al baño y cuando tuvo todas las vacunas y pudo salir a la calle, se escapaba al humedal Juan Amarillo para dejar de ser un labrador dorado y convertirse en uno negro, que normalmente no reconocíamos.

Así, pasaron los días y se convirtió en el perro más consentido del planeta; duerme debajo de las cobijas abrazándonos los pies, llora si no lo consentimos y cuando lo regañamos, parece que nos mirara mal. Ahora vivimos en una casa diferente, con un patio inmenso, pero él sigue escapándose y nosotros sufriendo cada vez que se pierde.

Mi abuelita dice que a Orión solo le falta hablar y mis amigos se aterran cuando lo ven abrir la puerta de la casa con total naturalidad o quedarse mirándonos mal cuando la cama está llena de cosas y no desocupada para que él, el dueño de la casa, se tumbe en donde quiera. Cuando estamos enfermas se acuesta como si fuera una persona, de medio lado y con la cabeza en las almohadas, y nos abraza por el cuello; algunas noches no deja dormir a nadie cuando se queda mirándonos y llora como un cachorrito, y cuando lo dejamos solo varios días, no nos saluda el día que volvemos, de lo digno que se pone.

Ya tiene 11 años y sigue siendo el bebé de la casa, si tuvieramos carro seguramente lo llevaríamos para todo lado, pero es muy grande y tan celoso que si lo sacamos se pelea con otros perros. Hace unos cuatro meses trajeron a un cachorrito, un SHITZSU llamado Oliver, y desde el primer día Orión comenzó a cojear porque consentíamos al nuevo; ahora tiene que comer tres veces al día (antes solo comía dos), a la misma hora del cachorrito, y se duerme en la almohada que le pusieron a Oliver en la cocina. ¡Es un espectáculo verlo llamar la atención!

Actualmente es el hombre de la casa y seguirá cada día más consentido, no podemos evitarlo.

¡Amamos a los perros y Orión es el mejor perro del mundo!



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