18 jul. 2010

Una bogotana en Melgar

Publicado por Vivian Gil-Ro en 18:32

Después de aguantar tanto frío en Bogotá, tuve la excusa perfecta para ir a “tomar el sol” a dos horas de mi casa, un amigo que necesitaba unas mini-vacaciones proponía que nos fuéramos un par de días para el apartamento que tiene mi familia en Melgar, y yo, ni corta ni perezosa le dije que sí.

Planeamos fechas, él pidió permiso y ahí estábamos, el viernes al medio día, sentados en un Bolivariano dispuestos a descansar el fin de semana. Por supuesto, como buenos ingenieros en la maleta llevábamos: Una pantaloneta, 3 camisetas y: portátiles, iPod, BlackBerry, Cámara fotográfica, Internet Móvil y cualquier cantidad de aparatos electrónicos que no permitieran que nos despegáramos del mundo 2.0 (aunque el Internet móvil parecía mujer y estaba muy temperamental).

Después de un viaje rápido, nos bajamos del bus y como chulos comenzaron a caer las personas que ofrecen los mil y un hostales en el pueblo, muy económicos (tan económicos que dudaría en hospedarme en uno de ellos, recuerden: con alma de mochilera, pero con gustos de niña rica), después de lograr evadir a dichos individuos, logramos subirnos a un taxi que nos llevó a nuestro destino (nos vió la cara y nos cobró $2.000 más #Fail), y ahí ya me había picado un zancudo. ¬¬

Ya en el apartamento, y después de pelear un buen rato con la puerta para poderla abrir, creo que no duré 2 minutos con el jean puesto, necesitaba un short inmediatamente. Debo aclarar que el clima está templado, pues ha llovido constantemente, así que esta cachaca logró estar en short, pero sin un ventilador exclusivo. Gran logro, clima perfecto para mí.

En este punto debo comentar que mi compañero de viaje es un excelente chef (menos mal, porque si me hubiera tocado cocinar, de pasta con atún no hubiéramos pasado), así que con lo poco que había en la nevera hizo un almuerzo completamente delicioso, antes de ir al pueblo por comida. Por supuesto, cuando volvimos con nuestras compras, unas 3 o 4 picadas de zancudos acompañaban a la primera, y el sudor debido al clima (templado como ya dije) se asomaba constantemente por mi frente. Definitivamente soy muy floja para el calor. Esa noche dejamos todos los aparatos electrónicos que llevamos, y la plata del viaje sobre la mesa del comedor y nos acostamos a dormir, por supuesto, nosotros muy pendientes de la seguridad, dormimos con la puerta abierta; muy seguro el conjunto, para qué.

El sábado, después de darnos contra las paredes porque el Directv murió y no supimos qué hacer para que funcionara de nuevo, fuimos a la piscina: dos ranas plataneras en vestido de baño tenían que cuidarse mucho, tanto que se nos olvidó usar bloqueador, bronceador o cualquier cosa que pudiera protegernos del sol del medio día, así que solo nadamos unos 20 o 30 minutos y volvimos al apartamento, para descubrir que ya teníamos marcado el vestido de baño, sin tener la piel roja (bendito clima lluvioso en Melgar), pero que los zancudos habían hecho de mi, su fiesta privada y me habían convertido en una mazorca andante. Nada agradable a la vista.

Algo bueno de este viaje es que esa tarde pude hacer frente a uno de mis más grandes temores; en el balcón había una araña, y yo solita la espanté. Siéntanse orgullosos de mí, mis queridos lectores.

En la noche, y después de una suculenta comida, salimos a caminar. Ja! A mí me pican unas 30 veces, pero no 31, así que apareció mi amigo el repelente, con el cual me bañé, no sé si sirvió o no, pero al otro día me vi con más picadas que las del día anterior (duda: ¿Fue en la caminata?, ¿fue mientras dormía?). En el camino vimos la celebración de un matrimonio en una de las fincas del conjunto, la decoración era hermosa y por supuesto vino el comentario de mi compañero de viaje: “a las mujeres solo les interesa casarse por la ceremonia”, por supuesto, yo lo corregí, porque a mí no me interesa casarme por la ceremonia, jamás, a mi me gustaría volverme a casar ¡por la fiesta! Esa noche, cerramos con llave la puerta, no nos iba a pasar lo mismo de la noche anterior, solo que no nos dimos cuenta que las llaves quedaron pegadas en la puerta toda la noche. Muy organizados nosotros. ¬¬

Y así, el domingo viajamos al medio día, después de mucho comer, poco nadar y con la felicidad de haberle dado a los zancudos una navidad anticipada. Volveré.



3 comentarios:

XimeAmaya on 18 de julio de 2010, 21:30 dijo...

Jajajajajaj Vivian , describiste "Melgar" a la perfección!! Si señora Melgar, es piscina, ardida, calor y mosquitos, aún asi es la idea perfecta de un fin de semana en las playas de Bogotá :) echate acid mantle !!

VIVIANGILRO on 18 de julio de 2010, 21:33 dijo...

Esta mazorca andante te hará caso Xime. Gracias. :)

Anapoima1984 on 18 de julio de 2010, 21:37 dijo...

¡Buen post!

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